Trump, México y su ira contra el legado hispano

El odio de Trump a lo hispano

Hace pocos meses veíamos que Donald Trump daba la orden de pintar de negro el muro- o más bien valla- que separa las fronteras de Estados Unidos y México. Esta medida, que puede resultar curiosa, tenía un objetivo enormemente simbólico para entender cómo los americanos ven a sus amigos del sur. Según palabras del propio mandatario, el muro, al estar pintado de negro, se calentaría de tal manera bajo el sol que quemaría las manos de quienes quisieran escalar. Esto ha sido presentado por su ejecutiva como un éxito, una forma de dejar en claro que no quieren a los “espaldas mojadas” de México, tal y como se les denomina a los hispanoamericanos en el sur de Estados Unidos. Mucha gente se ha llevado las manos a la cabeza, alegando que esta medida era voluntariamente racista, mientras que otros han defendido las ideas y acciones del mandatario. Así, se ha formado una polémica que, por otra parte, no tiene especial sentido.Suscribirse

Las acciones de Trump no son más que la natural consecuencia del llamado “excepcionalismo americano”, una forma de ver el mundo que está muy presente en el país- tanto en un lado de la barrera como en el otro- y que considera que los blancos y protestantes, los WASP (White Anglo Saxon Protestants) no deben mezclarse con grupos que no son parte de su particular consideración de “pueblo elegido”, como decía Thomas Jefferson, uno de los fundadores de los Estados Unidos. De tal manera, los republicanos ponen muros, como en este caso, y los demócratas utilizan una actitud paternalista que ha desembocado en las cada vez más extrañas políticas woke. En ningún caso se plantea una igualdad.

La oportunidad

No obstante, esto nos remarca más como el conflicto identitario americano abre una puerta para España. Y es que los países hispanoamericanos, casi desde su independencia, han estado muy vigilados y controlados por los Estados Unidos mediante herramientas culturales- como el uso del spanglish- o económicas y políticas- como las fruit company o la violencia política-.No por nada el intelectual Nemesio García Naranjo afirmaba con lástima a principios del siglo XX que México era un país desdichado por estar “tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

No obstante, historiadores hispanistas como Marcelo Gullo, Javier Barraycoa o Ernesto Ladrón de Guevara llevan años abogando por aprovechar esta crisis americana, esa separación voluntaria del mundo hispano, para recuperar la idea de la hispanidad. Esta hispanidad, como afirmaba Maeztu, que al contrario que el mundo americano aboga por la unión de los pueblos con historia y tradiciones comunes; un acercamiento efectivo y cultural a aquellas naciones que vieron su nacer en la expansión española del siglo XV.

La identidad hispana

Durante años, según estos autores, España se ha entendido a sí misma como un mundo diferente a Hispanoamérica, más cercana a la idea de la Europa Continental, con sede en Bruselas o Berlín. Así, dejando de lado los inevitables lazos que unen a España con naciones como México, Argentina, Venezuela.. y todos aquellos lugares que alguna vez fueron parte de la hispanidad. Es en este sentido que se debe entender el nuevo papel de España, más cercano al llamado “Imperio Generador”, que diría Gustavo Bueno; enfocado en crear lazos, construir y unir a todas aquellas personas que se sientan hispanas y que quieran formar parte del proyecto común.

El propio Marcelo Gullo afirmaba hace unos meses en una entrevista que España le debía a América “ser su igual” y América a España “su ser”. De tal manera, según su forma de verlo, este era el momento perfecto de tomar la decisión, entendiendo que “la Hispanidad es el pasaporte al futuro de España y las repúblicas hispanoamericanas”.

Así, la polémica que nos deja la actualidad no es si el muro de Trump es o no racista. Ni tampoco, si el muro está bien o mal. El asunto real, mucho más importante en nuestro caso, es si España aprovechará la oportunidad que nos da la separación voluntaria de Estados Unidos o no. Una polémica, cree el que escribe, mucho más importante.

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