
Una fecha olvidada
El 1 de enero de 1899 los Estados Unidos se hacían cargo de la Isla de Cuba tras el Tratado de París firmado por España y que, de facto, convertía la isla en una suerte de protectorado de los americanos. Tras una breve guerra con nuestro país y muchos años previos de propaganda antiespañola, los últimos restos del aquel afamado Imperio Español desaparecían ante un nuevo gigante global, el hegemón americano, que se hacía cargo, de acuerdo con su Doctrina Monroe, de que América fuese “para los americanos”. Si bien lograron el control de la isla, su mayor éxito, sin ninguna duda,fue la suerte de “Guerra del Papel” que protagonizaron, logrando consolidar la Leyenda Negra en el mundo entero.
Y es que antes de que el conflicto hubiese estallado, y desde luego mucho antes también de obtener la isla, la prensa americana, conchabada con los intereses expansionistas de sucesivos gobiernos de EEUU, se había dedicado a construir una narrativa profundamente antiespañola, exagerando algunos hechos o, cuando no ocurría nada, directamente invitándolos. Famosa es la correspondencia entre el magnate mediático William Randolph Hearst y el corresponsal en Cuba, Frederic Remington, enviado a la isla para documentar las supuestas atrocidades del gobierno español contra la población. Cuando Remington escribió a Hearst afirmando que “no ocurría nada” y que deseaba volver a EEUU, el magnate respondió con un cinismo casi literario, “Manténgase allí. Usted proporcione las imágenes y yo proporcionaré la guerra”.
La campaña de los medios
Durante décadas Hearst, Pulitzer y varios otros grandes empresarios mediáticos peleaban prácticamente para ver quién de ellos era capaz de construir la imagen más exagerada de España. Y esto, más allá de lograr que la población americana apoyase completamente la invasión a Cuba, logró también que la imagen de nuestro país se deteriorase en todo el planeta. Y es que la España del siglo XIX, no tan oscura como se puede pensar, pero desde luego muy lejos de los momentos de gran esplendor, vió como este ejercicio literario consolidaba la idea expresada en 1898 por el político británico Lord Salisbury que consideraba a España como una “nación moribunda”, natural presa de su propio salvajismo y que debía, por el peso de la historia, caer ante las “naciones vivas”; Reino Unido y Estados Unidos.
Estas ideas, ya presentes, pero muy favorecidas por la propaganda americana, calaron también en la sociedad española que, como es lógico, no es impermeable al mundo que la rodea. Académicos como Joseph P. Sánchez., Julián Barriga Bravo o Henry Kamen, han explicado en numerosos libros y artículos como estas visiones de España, muchas veces provenientes de países extranjeros con claros intereses en dañar a España, han generado en nuestra sociedad una constante idea de culpabilidad entre muchos españoles. Entre todas estas obras, destaca por lo reciente de la publicación (2022), el libro “Mentiras creíbles y verdades exageradas. 500 años de Leyenda Negra”, del profesor Enrique Sueiro, que analiza desde un prisma reputacional como la Leyenda Negra ha logrado crear una reputación negativa de nuestro país tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
Este legado de construcción de narrativas antiespañolas sigue teniendo efectos en la actualidad. Los proyectos de descolonización que impulsa el Ministerio de Cultura bajo Ernest Urtasun en museos como el de América o el Nacional de Antropología buscan reinterpretar el pasado desde perspectivas antirracistas y de género, poniendo énfasis en las violencias de la Conquista y cuestionando de forma radical la historia de España y su papel en el mundo. Esta manera de enfocar nuestra propia historia, aunque presentada como crítica y reflexiva, no surge en el vacío, sino que es consecuencia de la internalización de esta leyenda negra, de esa sensación de vergüenza o insuficiencia histórica que durante siglos se ha ido construyendo sobre España. La misma narrativa que Hearst y Pulitzer difundieron en el siglo XIX y que caló incluso entre los propios españoles, generando ideas de culpa y decadencia, alimenta hoy enfoques que parecen asumir que la historia española debe ser juzgada con extremismo casi masoquista, priorizando sus errores y omitiendo sus logros.
La diferencia está en los objetivos, pero la dinámica es la misma. La narrativa sigue moldeando la percepción de España. Tal como la Leyenda Negra influyó en la sociedad española, los proyectos actuales muestran que nuestra historia nunca es neutral. Las instituciones culturales reflejan ahora las consecuencias de siglos de percepción externa deformada y autoevaluación crítica impuesta por la sucesión de mitos que se han extendido por nuestro país.
Al final, este 1 de enero, más allá de presentar una visión crítica sobre nuestra historia, debemos ser conscientes de que muchas de las creencias que los españoles tenemos sobre nuestro país, surgen de los mitos que otros han pretendido imponer sobre nosotros. Este uno de enero, fin oficial del este negrolegendario 2025, debemos pensar nuestra historia por nosotros mismos, sin dejarnos influir por los mitos o las visiones deformadas que muchos- algunos voluntariamente y otros no- han difundido y siguen extendiendo sobre nuestro país. Al final, sólo cabe esperar un feliz año nuevo y un mejor 2026 para nuestra historia.



