
El catolicismo se ha disparado recientemente entre los jóvenes europeos
El Papa termina su visita a España este día 12 y, más allá de sus actos y declaraciones, que ya llenarán diarios, hemos podido ver algo que a muchos ha sorprendido. Decenas de miles de jóvenes, devotos de todas las partes del país y del mundo, han asistido para ver su vigilia y misa. Y es que, al contrario de lo que para muchos pueda parecer, el catolicismo ha logrado revertir en los últimos años una dinámica histórica: por primera vez en más de 30 años, hay más católicos que antes en Europa.
Mientras que los titulares de la prensa generalista de izquierdas hacen enfoque en las iglesias vacías, la supuesta tendencia de los jóvenes a ser más materialistas y la pérdida de los indicadores de certeza que habían marcado a sus padres y abuelos, los datos, siempre más fríos pero certeros, nos revelan lo contrario. Los jóvenes son cada vez más católicos y, frente a la ola secularista, se ha construido un parteaguas en la generación Z, aquellos nacidos entre 1997 y 2012.
Todo empezó a notarse con más fuerza después de la pandemia, pero este año ha explotado. En Francia, la Vigilia Pascual de 2026 marcó un récord histórico con más de 21.386 adultos y adolescentes bautizados, un aumento del 20% respecto al impresionante número de 2025. Lo más llamativo es el perfil de estos nuevos fieles, ya que alrededor del 42% tiene entre 18 y 25 años, jóvenes que no crecieron en familias practicantes y que, sin embargo, han sentido una llamada profunda en medio del vacío cultural.
En España, ha ocurrido lo mismo. Según los datos del informe de abril de la Fundación SM, los jóvenes católicos se han multiplicado en menos de dos años. El porcentaje de jóvenes que se identifican como católicos —practicantes o no— ha pasado del 31,6% en 2020 al 45% en 2025. Casi 14 puntos de aumento en solo cinco años.
Algo llamativo, tal vez por el cierto contraste con lo que vemos en España, es la realidad del mundo protestante. Y es que tanto en Estados Unidos como en Reino Unido, la juventud ha ido abandonando paulatinamente el protestantismo para adoptar en su lugar los dogmas de Roma. En Inglaterra, los jóvenes católicos han superado en asistencia a los anglicanos en varios lugares clave, como Glasgow, que reportan un aumento del 20% en el último año. En Países Bajos, la cifra es aún más alta y se reportan crecimientos del 40% entre adultos y jóvenes.
Yendo a Estados Unidos, tradicional punta de lanza del WASP (White Anglo Saxon Protestant), la dinámica es similar. El número de conversiones se ha mantenido en un constante aumento desde el año 2020 de forma sostenida: de 74.972 en 2021 a 90.157 en 2024, con continuos incrementos cada pocos meses. Más aún, The Atlantic, una prestigiosa revista de EE.UU., afirmaba en su reportaje “The Real Religious ‘Renewal’ Happening in Gen Z”, que la juventud se estaba convirtiendo en masa al catolicismo, buscando las certezas dogmáticas y la seguridad espiritual que el mundo protestante, más tendente a los cambios y a las adaptaciones, no le estaba dando.
¿Por qué?
Los reportes nos dejan ver una realidad. Tanto desde las diócesis como desde los estudios, podemos ver cómo la Gen Z, al contrario de lo que han afirmado muchos, busca el orden, la estabilidad y la comunidad. Parece ser que, en la religión católica, sus ritos fijos y la tendencia a organizar eventos y comunidades está llevando a toda una generación a recuperar la fe de sus abuelos que, durante la generación de sus padres, había sido rechazada.
Además, influyen los testimonios visibles en redes sociales, parroquias vibrantes y entornos universitarios, así como la ausencia de prejuicios en una generación que no vivió los escándalos de décadas pasadas con la misma intensidad. Muchos jóvenes descubren el catolicismo como una alternativa contracultural atractiva, que combina profundidad intelectual con experiencia comunitaria y espiritual que pone orden en una actualidad cada vez más convulsa.
La generación Z, aquellos jóvenes que ahora deben decidir qué harán con el mundo que les han legado sus padres, vira hacia las certezas que el catolicismo les proporciona. No es una revolución a gritos o mediante la violencia o soflamas, sino una decisión consciente y adulta. Frente a la fe heredada, esta generación ha podido escoger qué religión o creencias deseaban tener y, tal parece, que la decisión ha sido el catolicismo.



