
El auge de la espiritualidad es un fenómeno característico de los últimos tiempos. La visita del Papa, León XIV, a nuestro país ha levantado pasiones y movido a cientos de miles de personas, mostrando un panorama donde el catolicismo ha sacado músculo en una sociedad cada vez más secular.
Sin embargo, hay otro fenómeno religioso que crece como la espuma. En menos de una década ha conseguido atraer a cientos de personas, erigir lugares de culto por toda la geografía española y ganar presencia mediática y en redes. Algo que suscita muchísimos interrogantes, sobre el cómo, quien y cuando el evangelismo se ha convertido en una tendencia religiosa al alza.
El evangelismo en España crece donde el catolicismo se estanca
La religión ha regresado a Madrid por la puerta que nadie esperaba. No lo ha hecho bajo las bóvedas de las catedrales ni al abrigo de las parroquias tradicionales, sino en locales comerciales, naves industriales reconvertidas y bajos de barrio donde cada fin de semana se congregan cientos de personas atraídas por una promesa sencilla. La promesa de encontrar respuestas inmediatas a problemas inmediatos.
El evangelismo en España lleva años creciendo lejos de los focos mediáticos, pero los datos ya hacen imposible ignorarlo. En la Comunidad de Madrid se abre una iglesia cada cuatro días y el número de congregaciones se ha multiplicado hasta superar ampliamente a los templos católicos en numerosas zonas de la región. El fenómeno ha sido impulsado principalmente por la inmigración latinoamericana, que ha trasladado a España no solo su lengua y sus costumbres, sino también una peculiar forma de vivir la fe mucho más emocional, participativa y comunitaria.
Las iglesias evangélicas en Madrid han encontrado terreno fértil allí donde otras instituciones han perdido presencia. En muchos barrios funcionan como centros de ayuda social, espacios de integración y puntos de encuentro para miles de personas que llegan a España sin redes familiares ni apoyo económico. En estos templos se busca empleo, se comparten contactos, se reciben consejos para regularizar documentación y se construyen relaciones personales. La religión es solo una parte de la ecuación.
Pero el auge no responde únicamente a la inmigración. También refleja una transformación más profunda. Mientras buena parte de la sociedad se declara cada vez más alejada de la religión tradicional, aumenta el número de personas que buscan experiencias espirituales más directas. El resultado es un fenómeno paradójico: España se seculariza y, al mismo tiempo, experimenta uno de los mayores procesos de crecimiento religioso en España de las últimas décadas.
Evangelismo en España y el desembarco de los macroeventos evangélicos
Franklin Graham, telepredicadores y la conexión con Estados Unidos
Lo que durante años fue una realidad casi invisible ha comenzado a ocupar estadios, marquesinas publicitarias y titulares de prensa. Los macroeventos evangélicos celebrados en Madrid durante los últimos meses han situado al movimiento en el centro del debate público.
Encuentros multitudinarios como The Change en el Metropolitano o la llegada de Franklin Graham a la capital han mostrado una versión del evangelismo muy diferente a la que desarrollan habitualmente las congregaciones locales. Miles de asistentes, escenarios espectaculares, retransmisiones digitales en streaming y mensajes cuidadosamente diseñados para movilizar emociones forman parte de una estrategia que recuerda cada vez más a los grandes eventos religiosos estadounidenses.
La presencia de Graham resulta especialmente significativa. Hijo del legendario Billy Graham y una de las figuras más influyentes del evangelismo contemporáneo, mantiene estrechos vínculos con sectores conservadores norteamericanos y ha participado activamente en iniciativas próximas al entorno político de Donald Trump. Su desembarco en España ha alimentado las preguntas sobre hasta qué punto determinadas corrientes religiosas estadounidenses están exportando su modelo de influencia.
La relación entre Donald Trump y evangélicos constituye una de las claves para entender el fenómeno. En Estados Unidos, los evangélicos blancos han sido uno de los pilares electorales más sólidos del expresidente. Las encuestas muestran que continúan respaldándolo de forma mayoritaria debido a su defensa de la libertad religiosa, sus nombramientos judiciales conservadores y su oposición a determinadas políticas progresistas. Para muchos líderes evangélicos estadounidenses, la política no es una cuestión secundaria, sino una extensión de la batalla cultural y espiritual que afirman estar librando.
Aunque las organizaciones del cristianismo evangélico español rechazan comparaciones directas con Estados Unidos y niegan la existencia de un bloque político homogéneo, la influencia cultural norteamericana resulta evidente. Los formatos de comunicación, los discursos motivacionales y la creciente importancia de los telepredicadores reflejan una tendencia global que conecta Madrid con Miami, São Paulo o Dallas mucho más de lo que podría parecer.
El evangelismo en España frente a la polémica de los predicadores y la teología de la prosperidad
Pentecostalismo, redes sociales y nuevas formas de influencia religiosa
La controversia más visible se desarrolla lejos de los grandes auditorios. Se produce en los vagones del suburbano, en plazas públicas y en redes sociales. Los predicadores del Metro de Madrid se han convertido en el rostro más mediático de una expansión que genera tanto entusiasmo como rechazo. Tal es así que esta cuestión ha trascendido al debate político. Donde a través de su perfil en X, Emilio Delgado (Más Madrid), ha denunciado la situación calificando la situación de “turra sectaria” e instando a prohibir a los predicadores en el Metro de Madrid.
Sus mensajes sobre salvación, pecado, milagros o curaciones dividen a la opinión pública. Para unos representan una expresión legítima de libertad religiosa. Para otros constituyen una forma invasiva de ocupar el espacio público. Lo cierto es que estos episodios han servido para visibilizar el crecimiento del pentecostalismo y del neopentecostalismo, dos corrientes que han demostrado una enorme capacidad para atraer fieles en contextos marcados por la incertidumbre económica y el desarraigo social.
Una parte de su éxito reside en la intensidad emocional de sus celebraciones. Música en directo, testimonios personales, retransmisiones por redes sociales y mensajes centrados en la transformación individual configuran una experiencia muy diferente a la ofrecida por las instituciones religiosas tradicionales. Dios ya no se presenta como una promesa lejana, sino como una presencia capaz de intervenir aquí y ahora.
Sin embargo, es precisamente en este terreno donde aparecen las mayores controversias. Diversos expertos alertan sobre la expansión de la teología de la prosperidad, una doctrina que vincula la fe con el éxito económico y que ha sido ampliamente difundida por algunos de los telepredicadores más conocidos del mundo. Según esta visión, la bendición divina puede manifestarse en forma de riqueza, oportunidades laborales o bienestar material, especialmente para quienes contribuyen económicamente al sostenimiento de la comunidad religiosa.
Las críticas se centran también en la dificultad para fiscalizar determinados liderazgos carismáticos y en la opacidad que rodea a algunos proyectos internacionales. Las dudas sobre la financiación de ciertos encuentros multitudinarios y sobre la influencia de organizaciones extranjeras han alimentado un debate que va mucho más allá de la religión.
Pero sería un error reducir todo el fenómeno a sus expresiones más polémicas. La mayoría de las congregaciones evangélicas continúan desarrollando una labor discreta de apoyo comunitario, integración y acompañamiento social. Lo que está ocurriendo en Madrid no es simplemente la expansión de una confesión religiosa. Es la aparición de una nueva realidad cultural que refleja las transformaciones demográficas, sociales y espirituales de la España contemporánea.
Porque la verdadera noticia no es que existan más iglesias. La verdadera noticia es que, en una sociedad que durante años dio por enterrada la fe, miles de personas siguen buscándola. Y el evangelismo ha encontrado la manera de responder a esa demanda antes que nadie.



