Red Singham y propaganda china: la red de influencia que busca moldear el debate sobre la inteligencia artificial en Estados Unidos

La carrera global por la inteligencia artificial suele describirse como una competición entre empresas, laboratorios y potencias económicas. Sin embargo, un nuevo informe del Bitcoin Policy Institute sostiene que la verdadera batalla también se libra en el terreno de las ideas, la opinión pública y la influencia política. Según el documento, existe una red de organizaciones, medios y plataformas activistas vinculadas al empresario marxista Neville Roy Singham que estaría actuando como uno de los principales vehículos de difusión de narrativas favorables al Partido Comunista Chino dentro del debate estadounidense sobre inteligencia artificial.

La acusación va mucho más allá de una simple afinidad ideológica. El informe sostiene que esta red ha dedicado años a promover argumentos que cuestionan la infraestructura tecnológica estadounidense, atacan los controles de exportación de semiconductores hacia China y presentan el ascenso tecnológico chino como una alternativa deseable frente al liderazgo de Washington. Para sus autores, no se trata de un fenómeno espontáneo, sino de una campaña sostenida de influencia política desarrollada a través de organizaciones sin ánimo de lucro, medios digitales y grupos activistas conectados entre sí. La conclusión central del informe resume la magnitud del desafío percibido por sus autores: “The choice facing our country — and the world — is not between AI or no AI but between American AI or Chinese AI.”

La frase refleja la visión estratégica que atraviesa todo el documento. Desde esta perspectiva, la discusión sobre regulación, seguridad o riesgos de la inteligencia artificial no puede separarse de una realidad geopolítica más amplia: quién controlará las tecnologías que definirán el poder económico, militar y cultural durante las próximas décadas. El Bitcoin Policy Institute identifica a la Red Singham como “el actor alineado con intereses extranjeros más significativo operativamente” dentro de este ecosistema. La investigación señala que la red habría colaborado durante años con medios estatales chinos y reproducido posiciones prácticamente idénticas a las defendidas por Pekín respecto a semiconductores, telecomunicaciones, inteligencia artificial y comercio tecnológico.

Red Singham y propaganda china: de la crítica a Silicon Valley a la defensa de Pekín

Uno de los elementos más llamativos del informe es que no se limita a rastrear flujos financieros o conexiones organizativas. También analiza el contenido producido por medios vinculados a Singham como Tricontinental, People’s Dispatch, BreakThrough News o NewsClick. Es precisamente en esos textos donde aparece una narrativa ideológica coherente que coincide con numerosos intereses estratégicos chinos. El caso de Tricontinental resulta especialmente relevante. En varios de sus documentos, el instituto presenta a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses como instrumentos de dominación económica global.

La inteligencia artificial, lejos de ser una herramienta neutral, es descrita como una tecnología impregnada por los intereses de quienes la desarrollan. Uno de los pasajes más significativos afirma: “Artificial intelligence… carries the bias of the entity developing the technology.” La tesis del documento es clara: la tecnología estadounidense no sería una expresión de innovación neutral, sino una extensión del poder político y económico occidental. A partir de esa premisa, el dossier desarrolla una crítica sistemática contra Silicon Valley, los mercados financieros y el modelo de desarrollo tecnológico impulsado por Estados Unidos. Los autores también atacan directamente la narrativa del emprendedor tecnológico como motor del progreso.

En una crítica frontal al imaginario de Silicon Valley, sostienen: “The myth projects an image of garage-based geniuses.” Y añaden: “What is sold is the image of individuals who started ‘from nothing’.”

Esta reinterpretación del ecosistema tecnológico occidental encaja con una visión marxista clásica según la cual las innovaciones digitales serían el resultado de relaciones de poder, financiación pública y acumulación de capital antes que del talento individual. Lo relevante desde el punto de vista geopolítico es que esta crítica al capitalismo tecnológico occidental aparece acompañada de una visión mucho más comprensiva hacia el ascenso tecnológico chino.

La guerra de los semiconductores y la narrativa de la “hegemonía tecnológica”

La cuestión de los semiconductores constituye probablemente el mejor ejemplo de esta convergencia narrativa. Mientras Washington defiende los controles de exportación como una medida destinada a impedir que tecnologías avanzadas sean utilizadas en aplicaciones militares chinas, los textos vinculados a la Red Singham presentan estas restricciones como una estrategia para preservar una posición dominante en la economía global. El dossier de Tricontinental sostiene: “The US’s centrality to the production of cutting-edge semiconductors… gives the country the ability to intervene in the global production network and to block China’s development.” La afirmación coincide con uno de los principales argumentos utilizados por Pekín para denunciar las restricciones tecnológicas estadounidenses.

Según esta visión, Estados Unidos estaría utilizando su ventaja en la fabricación de chips avanzados para impedir que China alcance una posición equivalente en inteligencia artificial, computación avanzada y telecomunicaciones. El mismo documento critica además los intentos de excluir a Huawei de las redes 5G internacionales y argumenta que dicha estrategia perjudicaría especialmente a los países en desarrollo. “Without a sovereign development project, peripheral countries are left to follow the development models designed in the interests of the great powers.” Esta narrativa conecta directamente con el discurso promovido por China en el llamado Sur Global: la idea de que el ascenso tecnológico chino representa una oportunidad para romper la dependencia histórica respecto a Occidente.

Medios, activismo y construcción de influencia

El informe del Bitcoin Policy Institute sostiene que estas posiciones no aparecen de forma aislada. Según sus autores, existe un patrón consistente de mensajes replicados simultáneamente por distintos medios vinculados a la Red Singham. People’s Dispatch ha publicado artículos que presentan las restricciones estadounidenses a las exportaciones de chips como intentos de sabotear el desarrollo tecnológico chino. BreakThrough News ha difundido programas donde la inteligencia artificial china aparece como una herramienta para reducir desigualdades y acelerar el desarrollo económico. NewsClick ha cuestionado reiteradamente la narrativa occidental sobre seguridad tecnológica.

La coincidencia temática resulta especialmente visible en la cobertura de compañías chinas como Huawei o DeepSeek. Mientras gran parte del debate estadounidense se centra en riesgos de seguridad nacional, estos medios suelen presentar a las empresas tecnológicas chinas como víctimas de campañas políticas destinadas a preservar la supremacía estadounidense.

Según el Bitcoin Policy Institute, esta sincronización constituye uno de los indicios más claros de una estrategia coordinada de influencia. El informe llega incluso a comparar los riesgos potenciales de una futura hegemonía tecnológica china con el debate que rodeó a TikTok, advirtiendo de que una infraestructura global dominada por modelos de inteligencia artificial desarrollados bajo supervisión del Partido Comunista Chino tendría implicaciones mucho más profundas que las de una simple plataforma digital.

La cuestión que divide actualmente a Washington es si estas actividades deben interpretarse como ejercicio legítimo de libertad política o como una forma de influencia extranjera organizada. Durante años, congresistas republicanos han reclamado investigaciones sobre la Red Singham, sus vínculos con organizaciones prochinas y su posible encaje dentro de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA). El debate se ha intensificado a medida que la inteligencia artificial se convierte en un elemento central de la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China.

¿Activismo ideológico o influencia extranjera?

El Bitcoin Policy Institute adopta una posición contundente. Según el informe, la información pública disponible ya justificaría un examen mucho más exhaustivo de las actividades de la red. Para sus autores, la cuestión no se limita a determinar quién financia determinadas organizaciones, sino a evaluar hasta qué punto actores extranjeros están influyendo en decisiones estratégicas relacionadas con la seguridad nacional, la industria tecnológica y el futuro de la inteligencia artificial. El trasfondo de esta discusión es cada vez más evidente. La competencia entre Washington y Pekín ya no gira únicamente alrededor de fábricas de chips, centros de datos o modelos de lenguaje avanzados. También se libra en universidades, medios de comunicación, think tanks y movimientos políticos.

La propia documentación producida por organizaciones vinculadas a Singham deja claro que el debate tecnológico se entiende como una confrontación ideológica de largo alcance. El dossier de Tricontinental concluye defendiendo la necesidad de replantear el desarrollo tecnológico desde una perspectiva explícitamente socialista: “Only through a wider, collective, and participatory debate will we be able to redefine the terms of technological ‘solutions’ and ‘efficiency’ from a socialist perspective.” Es precisamente esa combinación de activismo político, discurso ideológico y posicionamiento geopolítico lo que ha convertido a la Red Singham en objeto de creciente escrutinio en Washington.

Mientras la inteligencia artificial redefine el equilibrio global de poder, la batalla ya no se desarrolla únicamente en los laboratorios de OpenAI, Anthropic, Google o DeepSeek. También se libra en la esfera de la influencia política. Y, según el Bitcoin Policy Institute, Pekín ha comprendido perfectamente que controlar el relato puede ser tan importante como controlar la tecnología.

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