
El horror del Holocausto ha dejado una marca bastante difícil de borrar en la historia. Lo mismo ocurre con la brutalidad de muchos de los países europeos durante su época colonial. La violencia y crueldad ocurrida durante esos sucesos no debe ser relativizada ni minimizada, pero sí que ha creado una idea relativamente extendida de que el supremacismo es algo prácticamente exclusivo de las personas blancas, occidentales o caucásicas.
Como es obvio, esto no es cierto y numerosos pueblos, de todo origen y condición, han sufrido que sus vecinos se crean mejores que ellos, dotándolos de una patente de corso para utilizarlos como esclavos, aplicar violencia o someterlos a los peores maltratos. Para eso se hace este especial, con el objetivo no sólo de remarcar estos crímenes, sino también señalar que el ojo de la investigación y del periodismo no se debe dejar llevar por visiones simplistas de la realidad.
Al final, es esencial reconocer que el supremacismo ha sido una constante en la historia humana, presente en muchas culturas no occidentales. El comercio árabe de esclavos, extendido durante más de mil años, capturó millones de africanos sometiéndolos a prácticas como la castración, con altas tasas de mortalidad. El Imperio otomano aplicó el devşirme para reclutar niños cristianos y discriminó a las minorías no musulmanas.
En África, reinos como Dahomey participaron en el comercio de esclavos y realizaron sacrificios humanos. El Japón del siglo XX promovió una ideología supremacista que justificó la masacre de Nankín y otras atrocidades. Los aztecas basaron su imperio en la conquista y el sacrificio ritual de miles de cautivos cada año.
Estos casos muestran que la idea de superioridad grupal y el recurso a la violencia son patrones universales, no exclusivos de Europa. Una visión que solo destaca los crímenes occidentales distorsiona la historia y obstaculiza una lucha efectiva contra el supremacismo en todas sus formas. El periodismo y la academia deben analizar todos los supremacismos aledaños con objetividad, sin dobles raseros, para fomentar una memoria histórica completa y contribuir a prevenir futuros abusos basados en prejuicios étnicos o culturales.

